Estoy bajo esa luz,
esa ventana que hace transmigrar
el divino silencio
del cual me hallo, una estupida más
en este odioso atardecer
que olvidé ser día en tu noche.
Aventando papeles,
comiendo escritos que ya no me llenan,
carcomiendo risas,
ahogándome en llantos
jugando a escapar
luchando a salir
buscando el umbral,
y al despertar, quedarme sin fin...