Ahógame mil milimetros al adentro
ahondando más este vacío,
húyeme mientras mis recorridos
busquen tus rastros ausentes en este laberinto.
Enjuaga mis lágrimas
en tus mares desiertos
pero no te lleves mis mal cosidos.
Soy brisa, instante, penumbra
y ceguez visible,
ando,
tras la flama invisible de algún existir
corro,
tras la hoja que lanzaste ayer,
juego,
con la flor marchita que arrancaste
de nuestro centro carnal pútrido.
Sí, nuestros amores,
mis amores,
los que olvidé con una taza de melancolía
en un terrible despertar otoñal deshojado.
Sois pasajero de mi instante percutido,
amante de mil noches percudidas,
inmaterial en este dédalo
del cual me hallo desnuda,
posándole a la muerte,
en un vil Sí
con este ahora tuyo ausente...